El
vocablo Coyoacán
es el resultado de una serie de transformaciones
que en su escritura y pronunciación
sufrió la palabra nahúatl
Coyohuacán, de cuyo significado se
tienen varias acepciones, entre las que
destacan:
Esta
ultima definición es apoyada por
historiadores de la talla de Cecilio Robelo,
Manuel Rivera y Cambas y Antonio Peñafiel,
y aceptada por el cronista de Coyoacán
Luis Everaert, quien afirma en su texto
"Coyoacán a Vuela-pluma"
que: "siguiendo a León-Portilla,
se justificaría la intromisión
del coyote en el topónimo si se considera
que, aparentemente, Coyoacán estaba
consagrada a una de las más importantes
deidades del pantón mexica, Tezcatlipoca
(Espejo Humeante), cuyo nagual, era precisamente,
ese cánido depredador".
Bernardino de Sahagún contaba que
"hay en estas tierras un animal que
se dice coyotl, al cual algunos de los españoles
le llaman zorro, y otros le llaman lobo,
y según sus propiedades a mi ver
no es lobo ni zorro, sino animal propio
de esta tierra, es muy belloso, de larga
lana; tiene la cola gruesa y muy lamida;
las orejas pequeñas y agudas, el
hocico largo (...)".
Alberto Pulido, en "Coyoacán
Historia y Leyenda", asegura que desde
tiempos inmemoriales" el coyote fue
el factor más importante en la ecología
del Valle de México hasta el siglo
XIX, por su destreza en combatir los roedores
dañinos: ratones, tuzas y sabandijas
de toda especie".
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Estas
aseveraciones quizás vengan a
confirmar de un modo u otro la existencia
de estos depredadores en zona coyohuaca,
la cual proporcionaría más
elementos para la interpretación
de su topónimo jeroglífico.
El jeroglífico que identifica
a esta entidad es el ideagráma
o figura de un coyote sentado visto
de perfil, enjunto, con la lengua de
fuera y un círculo a mitad del
cuerpo; características por las
cuales durante mucho tiempo se pensó
que la imagen hacía referencia
a un coyote con el pelo erizado, hambriento
y sediento. |
Varios
investigadores supusieron posteriormente
que la lengua de fuera podría remitirnos
a un coyote cansado y jadeante, dadas las
cualidades de agilidad y velocidad que le
son inherentes, ; pero no implicaba necesariamente
que estuviera sediento ni hambriento. En
esta circunstancia, el círculo que
aparenta implicar hambre o vacío
podría solamente representar una
especie de señal para diferenciarlo
de otros cándidos de la zona.
Es muy probable que el topónimo y
glifo actuales hayan surgido durante la
época en que Coyoacán se fundó,
fecha en la cual los historiadores aún
no se han puesto de acue4rdo, aunque se
cita como parámetro el lapso comprendido
entre los siglos X y XII de nuestra Era.
Tanto el glifo como el topónimo se
encuentran representados en diversos pergaminos,
códices y pinturas prehispánicas.